martes, 21 de febrero de 2017

Estoy a la puerta





Un hombre había pintado un lindo cuadro. El día de la presentación al público, asistieron las autoridades locales, fotógrafos, periodistas, y mucha gente, pues se trataba de un famoso pintor. Llegado el momento se tiró el paño que velaba el cuadro. Se escucharon palmadas de aplausos. Era una impresionante figura de Jesús tocando suavemente la puerta de una casa. Jesús parecía vivo. Con el oído junto a la puerta parecía querer oír si adentro de la casa alguien le  respondía.
Todos admiraban aquella preciosa obra de arte, pero un observador muy curioso, encontró una falla en el cuadro: la puerta no tenía cerradura. Y fue a preguntar al artista: “¡Su puerta no tiene cerradura! ¿Cómo se hace para abrirla?“ El pintor tomó su Biblia, buscó un versículo y le pidió al observador que lo leyera:
Apocalipsis 3, 20: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oyere mi voz y abriere  la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. -Así es, respondió el pintor- Esta es la puerta del corazón del hombre. Solo se abre por dentro.

¡Qué historia tan maravillosa!  ¡Qué artista tan exquisito!  Y ¡qué mensaje tan grandioso  ha dado a la humanidad este hombre a  través de su obra maestra! Quizás  tú hayas  observado  muchas  veces  el cuadro en mención, y si no has tenido ese privilegio, trata  de hacerlo, o   echa a  volar tu imaginación. Pero  sobre todo ten presentes las palabras  que el pintor le dijo  al curioso observador que descubrió que la puerta plasmada en el cuadro no tenía cerradura. ¿Las recuerdas? El artista le dijo al hombre: “Esta es  la puerta del corazón del hombre” y agregó: “Solo se abre por dentro”. Ahora sería bueno que nos preguntáramos. ¿Cómo está mi corazón? ¿Será que la cerradura está cerrada?

Querido lector, a ti que acabas de leer esta historia; a ti que has tenido  la alegría de encontrarte con esta pequeña pero significativa ilustración, quiero decirte hoy: No te de temor abrir la puerta de tu corazón al Señor. Recuerda que cada día te llama, te busca, porque desea salvarte y conducirte por la senda que él sabe que debes caminar. Jesús no quiere que te desvíes del camino, Jesús quiere rescatarte, no quiere  verte sufrir, ni   mucho menos ser testigo de  un sinfín de lágrimas que empañen tu cara y nublen tu alma.

¿Sabes? Muchas veces Jesús golpeó mi puerta y yo no le hice caso. Un sinnúmero de veces  escuché su toc, toc, toc en los pórticos de mi corazón,  y  la cerradura siempre estuvo cerrada para él; pero infortunadamente siempre estuvo abierta para otras personas y otras cosas que solo me conducían a la destrucción de mi  vida.  Pero cuando ya mi cabellera empezaba a tornarse de color plateado, decidí levantarme y abrir esa puerta que día a día Jesús no dejaba de golpear;   además, me  animé a correr  la cortina que adornaba aquella puerta que permaneció durante muchos años sellada, y al hacerlo,  permití que un rayo de luz iluminara mi vida que estaba en completa oscuridad. Sentí gran satisfacción, y  pude  divisar una hermosa luz que penetró a través de ella y que me condujo hacia senderos desconocidos y fantásticos que antes nunca me atreví a recorrer,  que antes nunca imaginé que existieran, pero hoy  estoy  empezando a conocer y a disfrutar a plenitud. No puedo negar que  siento gran pena por mi pasado, por no haber tenido el coraje de seguir los pasos del que un día dio su vida por mí; aunque tampoco puedo ocultar la inmensa alegría que siento al poder gritar a los cuatro vientos que nunca es tarde para reconocer  que estamos navegando en el mar del pecado y que buscar los amorosos brazos de Cristo para abrigarnos con su delicioso calor,  es  sencillamente maravilloso.

Hoy, querido amigo, Jesús  te puede estar llamando, no dejes pasar más el tiempo, no permitas que  este avance sin sentir su  deliciosa  fragancia  con la que desea aromatizar  tu vida. Quita el cerrojo que te impide que Jesús entre y more en ese corazoncito, quizás triste…desolado...abatido.
Es  hora de abrir  la puerta de tu corazón a Dios.  ¿Te  animarás un día? ¡Piénsalo! Yo sé que si…estoy segura, y Dios  también.
 Autora: LUZ DE  LA FUENTE
IBAGUE-TOLIMA-COLOMBIA