sábado, 22 de julio de 2017

Musulmanes al encuentro con Cristo



Son en los sitios donde existe una persecución religiosa intensa, en los que Jesucristo se revela en las experiencias sobrenaturales e íntimas. Una de ellas le pasó a Maizah, una joven que tras convertirse luego de un sueño de Cristo, tuvo que huir de su casa en Libia, tal como lo informa Christian Today.
Maizah creció asistiendo a diferentes mezquitas en su búsqueda para conocer a Dios. En un momento de su vida, ella eligió vivir sin religión, hasta que se topó con una experiencia intensa con Jesucristo.
“Sentí que alguien tocaba mis pies”, dijo. “La habitación estaba a oscuras, pero de repente hubo un hombre que brillaba como la luz. Se veía muy real, pero sentí que no podía tocarlo. Se puso de pie junto a mí. Sentí felicidad en mi corazón sólo a causa de su presencia. ‘yo soy el camino, la verdad y la vida”, dijo. luego se había ido”.
Dos semanas más tarde, la joven y su familia se vieron obligados a huir de Libia a Egipto, antes de una guerra civil. En el nuevo país, se reunió Maizah con una vecina cristiana que le enseñó más acerca de Jesús.
“Esta mujer era realmente honesta conmigo. Yo le pedí que me hablara de Jesús. Sus palabras se dirigieron directamente a mi corazón y le creí, sentí que era verdad. Le pedí que me mostrara una Biblia, y la vi por primera vez”, recuerda Maizah.
“Un día, le dije sobre el hombre que vi en mi habitación, me dijo que era Jesús, y me mostró un versículo de la Biblia en la que dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.
Maizah fue bautizada en Egipto, y cuando regresó a Libia, comenzó a reunirse en una iglesia secreta, la casa de una familia cristiana. En 2013, la familia fue detenida y la policía comenzó a buscar a los jóvenes. Por el Miedo, decidió huir a Egipto, antes de trasladarse a Turquía.
Más tarde, Maizah se contactó con su familia por teléfono y recibió la noticia de que su madre había sufrido una parálisis. Al oír esto, se decidió volver a casa. El problema es que la enfermedad era una mentira.
Al llegar a casa, su hermano la llevó a una habitación donde fue golpeada por un grupo de hombres. Aún así, Maizah cuenta que “era consciente de que estaba protegida, y no sintió dolor”.
Después de esta situación, Maizah fue a Túnez para recibir atención médica. Con la ayuda de un médico, se las arregló para escapar y encontrar refugio en una casa de seguridad. Desde allí, viajó a un país occidental, donde permanece en la actualidad.